Génesis de la depravación de nuestra generación

Por Armando Nolasco/

En un arrollador galopar han ido degradándose los valores  y cimientos estructurales de nuestras sociedades ante las miradas cómplice e indiferente de aquellos que de manera tan fácil han podido asimilar y adaptarse a los nuevos patrones conductuales que se nos han inducido a consumir.

Es innegable la existencia de toda una estructura de poder, actuando alrededor del mundo de modo maquiavélico y perverso, sembrando maliciosamente una colosal semilla envenenada, con la cual apostaron a obtener los frutos o resultados que hoy en día observamos en el comportamiento  tosco, rebelde e irreverente de nuestra juventud.

Con sobrada propiedad, Gertrude Stein, quién luego de reflexionar acerca del accionar grotesco e imprudente de nuestros jóvenes concluyó en llamarle “La generación perdida”;  y más recientemente, el reputado psiquiatra doctor César Mella Mejías, con la intención de dar una clarinada de alerta la bautizó con el nombre de “Generación Intransigente”, señalando que debíamos intentar detener ese fenómeno que amenazaba con aniquilar nuestros divinos tesoros, la juventud universal.

Los frutos que esperaban están ahí, para muestra miles y miles de cientos y cientos de botones: “Una juventud perdida en su casi totalidad”.

Al ver esto, nos llena de horror y asombro ver cómo esta enorme maquinaria letal e infernal ha logrado cautivar toda esta juventud (generación) y otros no tan joven, transformándolos  en verdaderas bombas de tiempo, en inhumanos, violentos, irracionales e irreverentes,  convirtiéndolos en dignos representantes de esta nueva era. Oh, dijimos “ Nueva Era”.

Ojo… Este término es lo que sirve de estructura ideológica a todas estas acciones y manifestaciones anárquicas y maquiavélicas que se le ha inducido a la humanidad a imitar.

Una simple mirada retrospectiva nos muestra con claridad las primeras obras distorsionantes con las que se empezó a provocar el cambio de conducta o comportamiento generacional, la cual fue motorizada desde diferentes flancos, teniendo como uno de los más perspicaz e influyente a la  industria de la  música o industria discográfica, que desde inicio de los años 1950’ fue   permeada por individuos pertenecientes a este tipo de ideología anatema,  quienes se adueñaron especialmente del mercado estadounidense (Estados Unidos), por tratarse de un conglomerado con aproximadamente 200 millones de habitantes, y del espectro londinense, desde donde ya hoy se auspicia abiertamente la proliferación del Anticristo y la señal de la bestia “666”.

Aprovechando el amplio nivel de estos mercados, crearon ídolos monstruosos que empezaron a bombardear a través de su música todo tipo de mensaje malicioso,  nocivo y distorsionador, haciendo acopio en el mensaje subliminar.

El auge y la propaganda publicitaria que desplegaron para hacer de estos músicos fenómenos de popularidad  traspasó frontera,  y fueron extrapolados a nuestras vírgenes islas y países por el poderío económico que manejaban y manejan los auspiciadores de esas  multinacionales anatémicas (empezando desde Iluminati, etc,etc).

Qué juventud del mundo no recibió el “hechizo” de Los Beatles, Michael Jackson,  Los Rolling Stones, Bee Gee, Elvis Presley, Elton John, y otros tantos?. Asi como de un Frank Sinatra, sindicado peón de la Cosa Nostra, y socio de Pablo Escobar.

Las crónicas biográficas de estos fenómenos creados relata cómo fueron seres viciados y desquiciados, atrapados por las drogas que les hacían consumir sus apoderados. Por desgracia, se constituyeron en modelos a seguir.

Concomitantemente, la industria del cine fue permeada por estos  poderosos anatemas, cuyo marcado propósito era cambiar los paradigmas del pensamiento generacional,  introduciendo ahora todo tipo de escenas asquerosas y perniciosas, en busca  de un fin contaminante y sedicioso.

Sus marionetas, los actores y actrices fueron de igual manera influenciados, convirtiéndose en una máquina de transmisión del nuevo mensaje.

Otro flanco tomado para lograr sus objetivos fue la industria de la moda, cuando en los años 70’, producto de la inventiva de un emergente modisto, perteneciente a una  secta universal de las más radicales, y que profesaba la negación de un Dios real como el nuestro,  se propuso llevar a cabo toda una “revolución” con la aparición de las llamadas “minifaldas”.

Taparrabitos que dejaban al desnudo ‘hasta el tuétano’ el pensamiento morboso y malicioso con el cual empezó a actuar la mujer al verse en la libertad de poder exhibirse casi desnuda. Aquello fue una verdadera revolución. Perniciosa o favorable?

Tanto el genio creador de esta revolucionaria indumentaria, como la casi totalidad de su séquito o ayudantes, así como sus ¨auspiciadores anatemas¨, fueron rabiosos homosexuales e inadaptados, que apostaron a cambiar los mejores patrones de conducta social. Cambios que fueron para mal.

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